Época prehispánica.
“La mar” que vieron los primeros españoles que llegaron al Valle de México era el lago de Texcoco, cuyas aguas eran saladas por el contenido de salitre de su lecho, y el lago de Chalco.
En aquella época, estos lagos formaban parte de una gran planicie rodeada de montañas cubiertas de pinos, encinos, robles y numerosos ríos pequeños. Como los lagos estaban a diferente altura, el agua de Chalco se desbordaba con frecuencia sobre el de Texcoco.
Desde entonces comenzó la lucha de los habitantes del Valle con el agua, ya que aunque no ocurrieran tormentas extraordinarias, bastaba con que durante varios años se presentaran veranos lluviosos para que el nivel de los lagos se elevara peligrosamente, ya que no existían desagües.
Los primeros asentamientos indígenas se localizaron en los islotes y riberas de los lagos, pero conforme se acentuó el predominio de los Aztecas. Tenochtitlan se extendió hacia las superficies que ganaban al agua. Entonces el aumento de los niveles de los lagos comenzó a ocasionar daños cuantiosos.
Ante este problema se construyeron bordos y diques de contención. En 1450 Netzahualcóyotl, Rey de Texcoco, por encargo del Rey Azteca Moctezuma, diseño y dirigió la construcción de un albarradón (dique) de más de doce kilómetros de longitud y cuatro metros de ancho para proteger a la gran Tenochtitlan del azote de las inundaciones. El dique dividió desde entonces el lago de Texcoco y a la parte occidental se le dio el nombre de laguna de México. Ésta obra también contribuyó a disminuir la salinidad del agua que rodeaba a la cuidad, beneficiando a los cultivos.
Tenochtitlan era una ciudad lacustre cuyos habitantes aceptaban esas circunstancias naturales, por lo que sólo pensaron en contener las aguas, sin crear ningún sistema para desalojarlas del Valle.







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